Con frecuencia, la generación que está al frente del negocio convive con la incertidumbre de “esperar” a ver si hay alguien de la siguiente generación interesado en hacerse cargo de la empresa familiar. La continuidad de la empresa familiar es un tema tan relevante que no resulta razonable dejarlo al azar.
Es responsabilidad de la generación que está al mando establecer un cauce ordenado que permita que sus hijos conozcan el legado empresarial y entiendan las responsabilidades que implicará ser futuros accionistas.
Es la generación mayor quien debe consensuar un marco estratégico que, al menos, establezca:
- Qué rol debe tener la siguiente generación. Hay familias que deciden que la siguiente generación ya no trabaje en el negocio y se forme para aportar valor desde el consejo de administración.
- Qué requisitos deben cumplir los miembros de la familia que quieran trabajar en el negocio, si se adopta este modelo.
- Qué plan de carrera debe establecerse para ellos y cómo realizar su seguimiento.
- Espacios de trabajo para alcanzar acuerdos en relación con el rol de la familia en los negocios, así como el plan de transición en la gestión y la propiedad cuando llegue el momento.
Generalmente hay ilusión en la siguiente generación
¿A quién no le enorgullece formar parte de una familia que creó y ha hecho crecer una empresa con el esfuerzo de su abuelo, continuado por su padre, su madre o sus tíos? Tienen ganas de entender cómo pueden contribuir, ya que la empresa es algo que también une a la familia y nadie quiere sentirse excluido.
Esa contribución debe ser compatible con sus elecciones profesionales y vitales, así como con el momento vital en el que se encuentran, para que el compromiso sea sostenible en el tiempo. Hoy en día es frecuente que haya padres que no quieran obligar a sus hijos a trabajar en el negocio, porque cada uno debe tener la libertad de elegir su propio futuro profesional.
Algunos empresarios o empresarias familiares hablan a los pequeños de la empresa en casa, otros los animan a hacer prácticas en el negocio y hay quien solo lo hace si percibe que existe interés. Cuando estos empresarios son hermanos o primos y accionistas, nos encontramos con que cada uno ha tomado decisiones distintas respecto a cómo involucrar —o no— a sus hijos en el negocio.
Cada familia decide una cosa, con lo que nos encontramos con primos que, en el futuro, podrán sentarse en la junta de accionistas sin conocer apenas el negocio, y otros que han crecido intuyendo las responsabilidades que implica formar parte de una familia empresaria. Si dejamos al azar el funcionamiento de dicha junta de accionistas, lo más probable es que acabe en conflicto.
No se trata de que tengamos que consensuar el modelo de educación que queremos para nuestros hijos con nuestro hermano o primo. Pero sí debemos actuar con los mismos criterios en un tema que, en el futuro, tendremos que trabajar juntos.
Las familias empresarias debemos tener siempre un ojo en el presente y otro en el futuro.
El tiempo vuela y, en un abrir y cerrar de ojos, los bebés se habrán convertido en universitarios.
Foto de Askar Abayev




